Poema de Abdassamad Clarke.
Traducido del inglés por Omar Ribas

¡Dios ha muerto!

I

¿QUIÉN LO MATÓ?

¡Nosotros lo hicimos!.

Lo ubicamos
y lo confinamos a los cielos
excluyéndolo de la tierra.

Nos atrevimos a hacer imágenes de Él.

Le dimos el nombre de Anciano de los Días
una larga barba gris
y una forma humana.

Moldeamos el papel que desempeña
ciñéndolo al inicio de la creación,
con alguna que otra intervención
acá y allá en la historia.

Sólo le concedimos "Actos de Dios"
extraños desastres caprichosos
que las compañías de seguros
no cubren.

Restringimos Su adoración a edificios por los que se cuela el aire,
viejos, de piedra,
un día de siete.

Le dimos, a Quién no tiene forma como las que conocemos,
una forma humana,
y cuando un ser humano mortal
nos recordó la trascendencia de Dios
elevamos a ese hombre a la deidad.

Nuestros científicos robaron Sus leyes,
plagio claro.

Los planetas se han movido en órbitas elípticas
durante millones de años
antes de que Newton "descubriera"
las Leyes del Movimiento.

A falta de un Ser Supremo elevamos a la naturaleza
a una posición que no es la suya.

Luego metódicamente nos propusimos
conquistar ese poder,
devastar la tierra,
mar, nuestra comida
y el mismo aire que respiramos.

Ya satisfechos de habernos desembarazado de Dios,
revivimos una asamblea de dioses menores
que habría confundido a los griegos,
avergonzado a los romanos
y dado envidia a los hindúes.

Despreciamos la adoración y la oración,
sin embargo pasamos nuestras vidas
en miles de rituales vacíos,
adorando y propiciando
una multitud de dioses amistosos
y hostiles.

Pasamos las vidas dedicados a comer y a beber.

¿No es esto adoración?

Nos hemos comprometido
en pasar la mayor parte de nuestras vidas
haciendo dinero,
y por ello hacemos del dinero nuestro dios,
porque ningún monje ascético en su pequeña celda
nunca mostró una devoción más completa.

Hemos restaurado el viejo ídolo
de la sexualidad voluptuosa,
y su forma núbil adorna nuestros periódicos,
películas, nuestras paredes
y nuestros sueños.

A su vez, este ídolo nos ha recompensado
con enfermedades venéreas,
su hermano SIDA
y la desintegración social
a una escala inigualada.

Somos demasiado orgullosos para postrarnos ante Dios,
pero reptamos sobre nuestras caras
ante el director de banco,
cuando tenemos problemas con nuestras hipotecas.

Estamos, de hecho, viviendo nuestras vidas
para comprar nuestras casas,
como Faraón
que dedicó su reinado
para construir su tumba piramidal.

Con Dios pasaron a mejor vida el cielo y el infierno
y en su lugar pusimos a la fantasía,
la tierra del nunca jamás
de los gráficos de computadora
y su plenamente automatizado,
con calefacción central,
con cristales dobles,
burdel de comida rápida
que desgraciadamente tiene
la terrible potencialidad
de metamorfosearse
en el Archipiélago Gulag,
matanzas genocidas y tiranía estatal
como forma de vida.

II

Así que Dios ha muerto
nosotros lo matamos.

Aunque de todas maneras el Dios que matamos no existió.

Dios uno-de-tres
no existe.

Dios hombre viejo con barba gris
no existe.

Dios remoto sobre los cielos
no existe.

Dios de éste o aquél pueblo
no existe.

Dios que envió a Su hijo
no existe.

No hay dios,
sino Allah.

III

Allah es Uno.

No está ubicado en ningún lugar,
porque si lo estuviera,
sería limitado y de esta manera,
no sería divino.

No tiene forma,
porque Él es el incesante originador de todas las formas.

Él crea eternamente el cosmos entero,
y sustenta cada fotón,
átomo, célula
y objeto cuasi estelar
en cada instante.

Sin Allah no existen.

Sustenta toda cosa viva,
cristiano, judío, hindú o ateo.

No es el Señor de los árabes,
o los judíos,
o los cristianos,
sino el Señor de señores
y de todo ser.

Nada se le parece,
ni imagen ni concepto,
sin embargo es el Oyente, el Veedor.

No tiene hijo,
porque Su hijo tendría que ser un dios
con poder ilimitado
y esto es imposible
que dos seres omnipotentes existan,
se limitarían uno con el otro.

Cualquier cosa limitada no es un dios.

Él es una terrible fuerza y poder
y una sublime misericordia y compasión.

Es exaltado de lejos por encima
de ser uno de un par de opuestos.

Él es Allah.

Él es el Respondedor.

Él es el vasto.

Él es el Universalmente Misericordioso.

Dios ha muerto.

Allah es
el Vivo que no muere.


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